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Prueba Honda X-ADV

Cuando Honda presentó por primera vez la X-ADV allá por 2016, nadie podía imaginar, yo el primero, que aquel concepto que reunía la funcionalidad de un scooter con las particularidades de una moto trail, acabaría creando escuela y lo que es más importante, instaurando una categoría propia. Hoy no son pocas las marcas que imitan esta fórmula, pero a la vista está, y más tras comprobar en carne propia sus habilidades, que la X-ADV sigue siendo, por méritos propios, la referencia absoluta.

En su versión 2025, Honda no sólo mantiene el desafío, sino que lo refuerza. Lo hace sin alejarse demasiado de la propuesta original, pero sí puliendo algunos aspectos claves del modelo, empezando por el diseño y la ergonomía, pero sobre todo, afinando sus atributos técnicos para ganar en precisión y eficiencia.

El cambio estético es más que evidente. No vamos a profundizar en exceso en lo que trae de nuevo el modelo, pero sí reseñar que ahora proyecta una imagen más poderosa, con un frontal que gana en músculo y carácter, en el que se introduce como novedad unos faros más afilados con luz diurna DRL e intermitentes integrados. También se ha mejorado el sistema de regulación del parabrisas, y si bien el modelo merecería ya un ajuste manual como el que monta la Africa Twin o incluso eléctrico más acorde a su estatus, lo cierto es que ahora cambiar la altura de la pantalla es más sencillo. La protección contra el viento, en cualquier caso, sigue siendo sobresaliente.

El asiento es otro de los puntos que ha sido revisado, ahora es un poco más mullido lo que unido a un diseño ligeramente más estrecho y compacto de los paneles laterales permite al usuario llegar más fácilmente con los pies al suelo. Todo ello ocurre sin sacrificar el espacio de carga bajo el asiento que sigue siendo suficiente para dar cabida a un casco integral.

En clave práctica, uno de los aspectos donde la marca del Ala Dorada ha sorprendido más es en cómo ha ido incorporando nuevas funcionalidades con el objeto de responder a las exigencias del usuario en cada momento. Es el caso, por ejemplo, del nuevo cuadro de instrumentos. Ahora dispone de un panel TFT a color de cinco pulgadas, con una interfaz basada en pictogramas que con un poco de práctica son muy fáciles de interpretar. También cuenta con compatibilidad con la app de Honda (RoadSync) que permite integrar el teléfono móvil para recibir llamadas o utilizar como navegador.

Todo el operativo se gestiona desde la botonera instalada en la piña del manillar izquierdo, pudiendo incluso asignar funciones favoritas para que sean accesibles a la orden de un solo click.

Otra novedad que se incorpora de serie en esta nueva edición es el control de crucero que acentúa su vocación rutera, a lo que se añade otros elementos de confort como la llave inteligente con acceso manos libres, el freno de estacionamiento, la apertura remota del asiento y del depósito, así como la guantera frontal, una toma USB-C y luz de cortesía bajo el asiento o la burra central.

Honda ofrece además la posibilidad de personalizar cada modelo a través de un amplio catálogo de accesorios o los packs Adventure, Comfort y Style, además del pack Urban y su complementario denominado Travel Combi que añade maletas laterales.

SENSACIONES

Entremos en materia. Nunca pensé que diría esto, pero la X-ADV, equipada con sistema de transmisión DCT (Dual Clutch Transmission), puede ser tan divertida de pilotar como una motocicleta convencional. No es sólo que sea cómoda o transmita una gran sensación de seguridad, es que a la hora de maniobrar, circular por autopista o enlazar una carretera con curvas se siente que estamos sobre una moto con todas las letras.

Parte del secreto está en su construcción. El chasis con estructura tubular de acero con motor portante unido al potente basculante de aluminio por bieletas tipo Pro-Link se postula como una excelente base. A ello se añade unas suspensiones firmadas por Showa -con un tarado que tiende a duro- y frenos Nissin que transmiten un nivel de confianza nada habitual en un scooter. No titubea, no flanea, y su rigidez y reparto de pesos permite apurar la frenada con confianza.

Eso sí, el modelo pesa lo que pesa (236 kg en orden de marcha), y todo ese volumen hay que saberlo domar. Precaución por tanto a la hora de las maniobras lentas, a partir de ahí todo se siente mucho más ligero, mostrándose especialmente equilibrada y estable en vías rápidas al tiempo que se desenvuelve con agilidad en carretera.

Todo ello es gracias, por un lado, al motor bicilíndrico de 745 cc que se mantiene prácticamente sin cambios -59 CV y 69 Nm de par-, más allá de una revisión para adaptarse a la actual normativa sobre emisiones Euro5+, y una actualización del actuador del embrague que contribuye a un funcionamiento más adecuado del que sin duda es el otro gran aliado, el sistema DCT.

La transmisión de doble embrague de Honda, revisada para esta versión, funciona con gran precisión y una naturalidad mejorada en sus transiciones. Los cambios a baja velocidad se producen sin tirones y si queremos más control, siempre podemos recurrir a las levas del manillar para subir o bajar marchas a nuestro antojo.

En cualquiera de los modos disponibles —Standard, Rain, Sport o Gravel—, el comportamiento del cambio y del motor toman un gran sentido adecuándose con mucha lógica a cada situación. En ciudad, con el primer programa activado, es todo comodidad. Con el perfil Sport, el que luce en el display con un motorista con unas rallitas detrás, la transición entre marchas es incluso más natural, eso sí, notarás que las reducciones son más exigentes.

Los que me conocen saben dónde está mi corazoncito, pero tengo que reconocer que la X-ADV sorprende para muy bien, y es que ha hecho de su rareza una virtud, para convertirse en un auténtico fenómeno de masas, sin parangón en la categoría.

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