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No es desafección, la barrera es coyuntural

  • Las nuevas generaciones admiten tener otras prioridades

Hasta donde nos permite la memoria, tener coche era una prioridad innegociable, casi un ceremonial de paso a la madurez. Representaba libertad, independencia, la construcción de un pequeño mundo propio sobre cuatro ruedas. Hoy, sin embargo, ese ideal parece tambalearse.

Reunido en torno a una mesa con un grupo de jóvenes, preguntados por este tema, hay que reconocer que la realidad, hoy, es algo más compleja. Nadie se va a sorprender si se introduce la barrera económica por delante de una falta de interés. También existe una evolución respecto a cómo los jóvenes entienden la movilidad.

Los precios de los coches nuevos, incluso de los modelos más modestos, han subido de manera desorbitada, mientras los sueldos del mercado laboral apenas les da para sus necesidades básicas. Comprar un vehículo, incluso de segunda mano, supone un esfuerzo al que no les importa renunciar, anteponiendo otros aspectos como la posibilidad de seguir invirtiendo en su formación, de independizarse o gastar en viajar antes que amarrarse a un préstamo, con la incertidumbre que ello genera.

El coche sigue siendo útil, pero ha perdido ese gancho de antaño. Ahora es un medio, no un fin. Los jóvenes tienen una percepción más amplia de la movilidad. Los entornos urbanos, más hostiles en la actualidad, también han modificado su relación con el automóvil. El coche parece no tener un gran encaje, falta espacio, y muchos jóvenes prefieren el transporte público, utilizar los carriles bici, e incluso decantarse por la moto como alternativa, antes que enfrentarse al estrés del tráfico diario.

Otro factor clave es la conciencia medioambiental. Los jóvenes son, sin duda, la generación más sensible al cambio climático. ¿Está el coche eléctrico entre sus prioridades? Pues indudablemente les atrae, encaja con sus valores, pero su compromiso se enfrenta al mismo obstáculo, están fuera de su alcance. Un apunte, casi al mismo nivel que por sus beneficios medioambientales se sitúa la curiosidad que les despierta su diseño y potencia, además de su tecnología, principalmente la asociada a la conectividad. En el fondo, los básicos sobre el atractivo del coche parecen trascender a cualquier época.

Como conclusión, los jóvenes no han renunciado al coche. Lo que han hecho es establecer una nueva relación de conveniencia con él. Ya no lo ven como una prioridad, la propiedad deja paso a otros modelos alineados con algunas de las soluciones que el sector baraja como alternativas en la actualidad como son el coche compartido o el servicio de alquiler por tiempo determinado (carsharing), más flexible y accesible a sus posibilidades.

El desafío para la industria del automóvil está precisamente ahí, en comprender que esta generación no es indiferente al coche, sino que por diferentes motivos, está abierto a explorar otras soluciones. Las ganas de conducir siguen vivas, pero hoy los jóvenes tienen una visión más pragmática de cómo dar respuesta a sus necesidades de movilidad. 

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