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Prueba: Volkswagen T-Roc 2026

  • Nuevas mecánicas asociadas a un sistema mild hybrid de 48 V

El Volkswagen T-Roc de nueva generación aterriza en Canarias con la tranquilidad del que sabe que juega en casa. El éxito de la anterior edición del SUV compacto alemán se convierte en su principal carta de presentación, aunque es importante señalar que esta actualización supone una evidente evolución tanto en diseño, como a nivel tecnológico. No es lo único.

Las islas, debido a las singulares características de sus carreteras y la densidad del tráfico de sus ciudades, son un perfecto banco de pruebas para medir su capacidad de respuesta. Un entorno exigente donde el T-Roc de nueva generación se ha mostrado especialmente equilibrado, gracias en buena medida a su nueva gama mecánica, escogida para, sin renunciar a su carácter, cumplir con los nuevos requerimientos de un mercado cada vez más comprometido con la eficiencia. Pero vayamos por partes…

Es más que evidente que el modelo ha crecido, y no solo en centímetros. Con 4,37 metros de longitud, empieza a codearse con rivales de mayor entidad, ataviado con un diseño visualmente alineado con los últimos lanzamientos de la marca en el que el frontal gana en relevancia. La aerodinámica está mejor resuelta y la firma lumínica, formada por faros Matrix LED y el logotipo iluminado tanto delante como en la zaga, aportan un toque actual y tecnológico, ganando en presencia escénica, sin caer en el exceso.

Si el exterior evoluciona, con el interior Volkswagen ha sido aún más exigente, mejorando claramente en calidad percibida. Hay más superficies acolchadas, mejores ajustes y una ambientación sencilla, pero de gran coherencia desde el punto de vista práctico. El protagonismo lo asumen el cuadro de instrumentos digital y la gran pantalla central de hasta 12,9 pulgadas, que estrena sistema multimedia. Es más rápido, más intuitivo y visualmente está todo mejor organizado por lo que la adaptación y el manejo resultan muy sencillos. Como complemento, nuestra unidad de prueba, correspondiente a la versión de acabado R-Line, también incorpora Head-up Display.

Existe una clara sensación de orden. Desaparecen los botones físicos, incluido el selector de marchas, ahora situado a la derecha del volante. El espacio liberado está bien aprovechado, con un hueco portaobjetos, cargador inalámbrico, dos puertos USB-C y un mando giratorio multifunción desde el que se controla el volumen y los modos de conducción.

El aumento de tamaño también se traduce obviamente en mayor espacio a bordo. Las plazas traseras ganan en amplitud tanto a la altura de las piernas como en cota de altura, suficiente incluso para pasajeros de cierta talla. El maletero es otro de sus grandes argumentos al aumentar su capacidad hasta los 475 litros, mostrándose muy aprovechable gracias a un suelo regulable que permite una superficie casi plana al abatir los asientos. Con los respaldos traseros abatidos alcanza los 1.350 litros.

Nueva mecánica

En el apartado de motores también se produce un importante giro de guion. La nueva edición del T-Roc estrena gama formada exclusivamente por el conocido 1.5 TSI de cuatro cilindros, ahora equipado con un sistema mild hybrid de 48 V, disponible en versiones de 116 y 150 CV. Ambas alternativas cuentan con etiqueta ECO y están asociadas de serie al cambio automático DSG de siete relaciones.

Esta nueva configuración supone una apuesta clara por la eficiencia, el sistema microhíbrido trabaja asistiendo al motor térmico para reducir consumos, pero sin perder esa chispa propia de un motor con sus prestaciones. Sobre esta premisa, su funcionamiento es refinado, muy ligado al enfoque del modelo, no pretendiendo impresionar con cifras o aceleraciones vertiginosas. No obstante, para agudizar su respuesta solo hay que acceder al selector de perfiles de conducción y escoger la opción Sport que unida a las levas del volante, permiten que las reacciones resulten más inmediatas e interesantes.

El resto de programas -Eco, Comfort, Normal- priorizan o equilibran el rendimiento del motor y de la transmisión, alineándolo con el ahorro de combustible. Y es este, precisamente, uno de los aspectos más interesantes de esta nueva generación. En uso combinado, los consumos se mueven entre los 6 y 7 litros a los 100 km, una horquilla de lo más aceptable para un SUV de su tamaño y planteamiento. En condiciones favorables, es decir, descendiendo por carretera o en circulación densa muy propia del ámbito urbano, se consiguen registros incluso más bajos, lo que confirma que el sistema microhíbrido cumple su función.

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