Aunque ya han pasado algunas fechas del paso de la tormenta Therese por Canarias, sus efectos han servido para recordar hasta qué punto es importante mantener en perfecto estado de revista algunos aspectos prioritarios relacionados con el mantenimiento del vehículo.
En concreto, la lluvia convierte el estado de los neumáticos en un factor decisivo. Sobre asfalto mojado, uno de los fenómenos más peligrosos es el aquaplaning, una situación en la que el neumático pierde contacto con la carretera al no poder evacuar toda el agua acumulada sobre la superficie.
En condiciones normales, la banda de rodadura canaliza el agua hacia los laterales mediante los surcos y laminillas diseñadas específicamente para mantener el contacto con el asfalto. Ese dibujo determina en gran medida su capacidad de adherencia. Cuando el volumen de agua supera la capacidad de evacuación del neumático, se forma una película entre la rueda y la carretera que provoca la pérdida parcial o total de tracción, dirección y capacidad de frenado.
Uno de los aspectos determinantes es la profundidad del dibujo. A medida que la banda de rodadura se desgasta, disminuye la capacidad de expulsar agua y aumenta el riesgo de que el vehículo patine sobre la calzada. También influye la presión de inflado, ya que una presión incorrecta modifica la superficie de contacto y perjudica tanto la estabilidad como la evacuación del agua.
La velocidad es otro elemento crítico. Cuanto mayor es, menos tiempo tiene el neumático para desalojar el agua de la zona de contacto. Por este motivo, incluso con neumáticos en buen estado, el aquaplaning puede aparecer en zonas con acumulaciones importantes provocadas por las lluvias.
Para reducir el riesgo, conviene revisar periódicamente el estado de los neumáticos, controlar la presión recomendada por el fabricante y adaptar siempre la velocidad a las condiciones del firme. También es recomendable aumentar la distancia de seguridad y evitar maniobras bruscas, especialmente al atravesar charcos o zonas donde el agua tienda a acumularse.
Pero qué debemos hacer si se produce el indeseado aquaplaning. Brigestone aconseja, lo primero, cabeza fría e intentar conservar la calma. A partir de ahí, la primera reacción debe ser mantener el volante firme y recto, levantar suavemente el pie del acelerador y evitar, en la medida de lo posible, tocar el freno o girar bruscamente, todo ello hasta recuperar completamente el contacto con el asfalto. Y es que cuando el neumático vuelve a tomar contacto, el vehículo puede reaccionar de forma inmediata y desestabilizarse o incluso llegar a volcar.
Por ello insistimos, el estado de la banda de rodadura, la presión correcta y una conducción adaptada a cada situación, son fundamentales para minimizar el riesgo. En superficies mojadas, cualquiera de estos aspectos puede marcar la diferencia entre salvar la situación o tener un accidente.
