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Prueba: Kia Stonic GT-Line

Mientras Kia dedica importantes recursos a seguir preparando el escenario que se avecina, no olvida que la realidad del mercado transita aún por otros derroteros. La electrificación gana terreno y marca la dirección del sector, pero son modelos como el Stonic los que siguen concentrando buena parte de la demanda. No resulta difícil entender los motivos. Muchos usuarios continúan optando por fórmulas que priorizan la practicidad o unos costes de adquisición razonables, argumentos sobre los que precisamente se ha construido buena parte del éxito del crossover de Kia.

Lejos de conformarse con los buenos resultados obtenidos hasta ahora, la marca ha decidido afrontar su renovación con el objetivo de mantener intacta su competitividad. Los cambios afectan principalmente a la imagen y al equipamiento, dos apartados que reciben una interesante puesta al día para respaldar una fórmula que sigue gozando de una notable aceptación en Canarias.

A nivel de diseño, y sin alterar en exceso sus proporciones, las principales novedades se concentran en el frontal, especialmente evidentes en nuestra unidad de pruebas GT-Line. Incorpora nuevos faros delanteros full LED estilo Star Map, junto a detalles de nueva factura como el protector del parachoques acabado en negro. Este color es utilizado también como elemento de contraste en las barras del techo, los marcos de las ventanillas, la carcasa de los retrovisores exteriores y las taloneras con la idea de aportar un extra de deportividad.

La actualización también alcanza a la zaga sin modificar en exceso la receta. Estrena nuevos pilotos y un protector central rediseñado en el centro del parachoques, a lo que se suma unas llantas específicas de 17 pulgadas, logrando que todo el conjunto se vea más actual.

A bordo

El salto cualitativo más significativo, sin embargo, se produce en el interior. Kia ha aprovechado esta renovación para reconfigurar un habitáculo que comenzaba a acusar el paso del tiempo frente a sus principales rivales. El cambio más evidente corresponde a su oferta digital, articulada alrededor de un panel continuo que agrupa tanto la instrumentación como la pantalla principal del sistema de infoentretenimiento, ambas de idéntico tamaño.

Sin embargo, la evolución no se limita únicamente al apartado tecnológico. También mejora de forma apreciable la experiencia de uso, con una presentación más cuidada, unos ajustes impecables y una ergonomía que merece una alta valoración. Ello se debe principalmente a la incorporación de una nueva consola multimodo, que permite alternar entre las principales funciones del sistema multimedia y la climatización. Una solución que evita saturar el salpicadero de botones y, al mismo tiempo, reduce la necesidad de navegar constantemente por los menús de la pantalla para acceder a las funciones más utilizadas.

Esta apuesta encuentra continuidad en el apartado de conectividad. El Stonic incorpora nuevas tomas USB-C, integra los servicios de la plataforma Kia Connect y añade la posibilidad de utilizar la llave digital desde un teléfono móvil. Son detalles que probablemente no figuren en nuestra lista de prioridades, pero que sí terminan aportando valor añadido a la propuesta.

En donde no hay grandes sorpresas es en cuanto a espacio. El Stonic continúa ofreciendo una habitabilidad correcta para cuatro ocupantes adultos, con unas plazas traseras suficientes y un maletero que mantiene sus 352 litros de capacidad.

Motor y comportamiento

Nuestra unidad de pruebas estaba equipada con el conocido motor 1.0 T-GDi de 100 CV asociado a una transmisión manual de seis velocidades. Se trata de una mecánica que encaja perfectamente con el concepto general del vehículo. No impresiona mediante grandes cifras, pero sí por su respuesta viva y agradable, coherente con el planteamiento general del vehículo. También se muestra discreto en términos de rumorosidad y especialmente cómodo en ciudad al aprovechar ese pequeño extra de altura que le otorga su configuración para situar la visibilidad como uno de sus puntos fuertes.

Fuera del ámbito urbano las virtudes de su motor turbo resultan aún más evidentes. Es cierto que para obtener una respuesta diligente conviene jugar con el cambio más de lo deseable, especialmente cuando afrontamos pendientes pronunciadas. Sin embargo, una vez se consigue mantener las revoluciones en el régimen adecuado, el empuje resulta más que satisfactorio y transmite una gran sensación de soltura.

A velocidad de crucero también deja una impresión muy positiva, adaptándose con facilidad al ritmo de vías como autopistas y autovías. La estabilidad es elevada, transmite seguridad y permite viajar más confortablemente de lo que es habitual en un vehículo de sus dimensiones. Al final, la mejor noticia para Kia es que el Stonic sigue respondiendo a la perfección a aquello para lo que fue concebido. Solo bastaba con ponerlo al día en aquellos aspectos que los usuarios esperan de un vehículo con su reputación.

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