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Prueba: Honda Civic 2026

Hay coches que se aferran a una misma fórmula durante décadas y otros que no tienen miedo a reinventarse. A lo largo de más de medio siglo, el Honda Civic ha cambiado de aspecto, de filosofía e incluso de carácter. Ha sido utilitario, deportivo, atrevido, futurista, siempre tras la decisión de Honda de no aferrarse nunca a una identidad concreta. Quizás por eso, con el lanzamiento de esta última generación en 2022, la decimoprimera nada más y nada menos, hubo una sensación de sosiego ante el cambio, en la que la marca prefirió refinar la receta, limar detalles y mejorar aquello que realmente podía mejorar.

Con la reedición de este año, la consigna también ha sido la discreción. Y es que basta poner un poco de atención para descubrir un frontal en el que destaca la nueva parrilla en negro brillante, el parachoques rediseñado y unas llantas de 18 pulgadas de nueva factura que terminan de darle ese punto elegante, sin dar la espalda al irrenunciable aire deportivo que ha venido acompañando al modelo a lo largo de buena parte de su historia.

Honda tampoco ha querido reinventar el habitáculo ni sumarse a algunas tendencias. En un momento en el que muchos fabricantes han sustituido prácticamente todos los mandos por pantallas, el Civic sigue apostando por botones físicos para funciones esenciales. Todo está donde uno espera encontrarlo y eso termina siendo mucho más importante que un montón de pantallas para navegar que no hace más que complicar la operativa.

También conviene mencionar que la ambientación ha ganado calidad con el techo y los pilares en negro, nuevos acabados cromados mate y una instrumentación digital de 10,2 pulgadas, mientras que la pantalla multimedia continúa cumpliendo correctamente su función, aunque visualmente ya no resulte tan llamativa como la de algunos displays actuales. También se ha unido a su dotación un práctico cargador inalámbrico en la consola central.

Donde no hay discusión es cuanto a su habitabilidad. Las plazas delanteras pueden ofrecen una posición de conducción muy baja, de deportivo al uso, mientras que detrás dos adultos viajan con bastante comodidad siempre que no superen el metro ochenta dado que la caída del techo limita algo la altura disponible. El maletero, con 410 litros, sin ser el más generoso de la categoría, se es verdad que tiene un volumen muy aprovechable.

Marcando diferencias

Y es que si hay un apartado donde el Civic continúa demostrando por qué sigue siendo una referencia es por su sistema híbrido e:HEV. Frente a otros sistemas más perezosos, Honda mantiene intacta una mecánica que no tiene comparación en su categoría. El por qué no es fácil de descifrar, la base es un motor de gasolina de dos litros de ciclo Atkinson, y dos motores eléctricos que desarrollan una potencia conjunta de 184 CV y un contundente par de 315 Nm, asociada a una transmisión eCVT que vuelve a dar un paso al frente en términos de refinamiento.

En cualquier caso, lo interesante no son las cifras, existen híbridos incluso más potentes, es cómo las entrega. En la mayor parte del tiempo quien mueve el coche es el motor eléctrico, mientras el propulsor de gasolina se sitúa en un discreto segundo plano. Sin embargo, existen determinadas circunstancias en las que el vehículo se transforma, todo ocurre de forma automática y sin que tengamos que preocuparnos por seleccionar un modo concreto de funcionamiento que también los tiene (Econ, Normal, Sport e Individual). El resultado es una respuesta inmediata, adelantamientos solventes y una sensación de empuje que nos hace olvidar por momentos que estamos al volante de un híbrido convencional.

También es cierto que la dinámica del vehículo acompaña. La precisión de la dirección es sobresaliente, y el chasis perfectamente afinado transmite una confianza reseñable. La misma que ofrece la frenada. Honda ha conseguido que esa sensación esponjosa que comunican al pie algunos de estos sistemas, resulte prácticamente imperceptible. Para conseguir un vehículo tan equilibrado la marca ha tirado de experiencia, buena parte de ella heredada de las distintas versiones Type R deportivas. Con ella ha desarrollado un modelo satisfactorio en cualquier circunstancia, tan eficaz cuando la carretera se pone sinuosa, como cómodo cuando toca hacer largas distancias.

Lo mejor es que todo ello ocurre manteniendo a raya el gasto de combustible. Tampoco hay que obsesionarse, el sistema simplemente hace su trabajo con enorme eficacia. En ciudad, es sencillo moverse en cifras que rondan los 5 l/100 km, incluso por debajo sin el tráfico acompaña. En carretera, algo más (en los seis litros largos), un registro excelente teniendo en cuenta su porte y prestaciones.

Así, podríamos decir que el Civic ha alcanzado un punto de madurez de lo más interesante. Convincente en cualquier circunstancia, basta con recorrer unos cuantos kilómetros para descubrir como consigue combinar deportividad, refinamiento y eficiencia con una naturalidad que muy pocos compactos híbridos son capaces de igualar.

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